- ¿Tienes hecha la maleta?
- No.
- ¿Cuándo piensas hacerla?¿En el último momento?
- Me quedan casi 24 horas para hacer la jodida maleta. ¿Cuánto te crees que puedo tardar en hacerla? Aquí tengo cuatro cosas y tengo que llevarme sólo dos.
El proceso es fácil. Qué no necesito más: ropa de verano. Qué sigo necesitando: lo que abriga. Proceso mental de quince segundos.
- ¿Tienes ganas de volver?
- Digamos que un 25% de mi quiere volver, otro 25% no y el 50 restante es indiferente al sitio donde esté.
- Descastado.
- Son sólo tres meses. La gente le da demasiada importancia.
- ¿Alguna vez te ilusiona algo?
- Muchas cosas, otra cosa es que lo exteriorice.
Volver significa enfrentarse a algún que otro problemilla -presentación de la suficiencia incluida, estoy de correcciones hasta... -, encontrarse a alguna que otra persona que no me apetece ver -alguna y alguno- y tener que volver a reubicarme cuando en menos de dos semanas vuelva a estar por aquí. Por otro lado... un par de conciertos, una noche de fiesta en Guada y dejar de sufrir el frío de esta semana. 25-25. El 50% siempre se muestra indiferente.
- Cuando vuelvas lo vas a flipar. Aquí te acostumbras a buscar la conversación en español, vas por la calle y vas atento a lo que habla la gente. Cuando llegues, verás que escuchas todas las conversaciones que hay a tu alrededor. ¡Es esquizofrénico!
- Exageras, no puede ser para tanto.
- No, no exagero. Te lo digo en serio.
Ya veremos.
- Trae jamón a la vuelta.
- ¿Cuánto quieres?
- Tú trae todo el que puedas. ¡Lo necesito!
- Eso ha sonado muy yonkie. ¡Estás con el mono!
- Sí, ¡y qué?
¿Cuantos años te caen por tráfico ilegal de jamón?